EL PARADIGMA DE EPN. A 3 AÑOS DE GOBIERNO: ¿EXISTE UNA FALTA DE GOBERNABILIDAD O DE CREDIBILIDAD?




Sonará como alguien que escribe un cuento de hadas o de aventuras, pero es la realidad. Hace 3 años, Enrique Peña Nieto fue electo Presidente número 64 de la historia "democrática" del país con la esperanza de cambiar las cosas en México y que, al mismo tiempo, tendría una gran encomienda como alguien que planea rescatar al mundo que está a un paso de la destrucción; pero en este caso, el mismo Peña tendría la misión de recuperar lo perdido y lo mal gobernado por los panistas en los 12 años que duraron en Los Pinos y, aparte de eso, restaura la imagen del país y recuperar la credibilidad y la confianza de los ciudadanos y del exterior.
Hoy, a 3 años de la llegada del "salvador de la patria" y que fue puesto por la televisora principal más importante de nuestro país, ha resultado ser un sexenio con más pena que gloria en esta administración. En este tiempo, la economía ha quedado muy rezagada con respecto a otros países y que ha quedado por lo menos en el ridiculo al decir EPN que ha habido muchos países que "estan peor" que México y que las reformas aprobadas por el Congreso hace ya casi un año (ojalá y funcionen) servirán para que la economía alcance sus objetivos trazados por el sexenio (lo cual es falso, ya que el crecimiento de la economía en México no llega a más del 2% del PIB en lo que va del gobierno) , por lo que alcanzará su punto máximo en el 2016 con la ejecución de dichas reformas estructurales; los empleos siguen estancados y, aunque presuma el gobierno que han crecido el número de empleos, éstos son temporales y ha aumentado de manera considerable el comercio y el empleo informal y que los programas para que el comercio informal se convierta en formal no han surtido efecto y el salario, ni se diga, sigue igual que hace más de 30 años y no ha hecho posible una nueva política económica con base en las necesidades de la sociedad actual y el contexto global reciente.


La inseguridad está a la orden del día y, en lugar de disminuir, aumenta cada vez más; a esto hay que agregar la ya inexplicable desaparición (y probable muerte) de los 43 normalistas de Ayotzinapa y la impresionante y sorprendente fuga del Chapo Guzman y la incapacidad de respuesta y confianza de las instituciones de seguridad pública y la, de por sí, corrupción en los cuerpos policiacos y de los mismos funcionarios. También hay que añadir las ejecuciones diarias en los estados del norte y sur del país, la casi cooperación de la policía con el crimen organizado y las violaciones del ejército mexicano por el caso Tlatlaya y derivados. La desigualdad social es más extensa que en años anteriores, el porcentaje de pobreza aumentó al pasar de 52.8 a 53.3 millones de mexicanos y los apoyos a la clase más marginada, o no llegan o no existen, y eso es más que desalentador para los mexicanos y el gobierno en sí.

Ante este panorama, está a semanas de arrancar el nuevo periodo ordinario de sesiones del Congreso y al gobierno le queda 3 años de, una de dos, o endereza el camino de la mediocridad y el conformismo y los mismos discursos de siempre para corregir cosas, acciones o decisiones que no se realizaron, o que el gobierno siga diciendo que el país mejorará a pesar de los malos pronósticos que el Banco de México ha realizado para el crecimiento del país (1.7 a 2.5% del PIB) y la volatilidad de los mercados extranjeros y la depreciación de la moneda y la probable alza de tasas de intereses de parte de Estados Unidos y la insistencia de la lucha contra el crimen organizado y la falta de libertad de expresión y la falta de toma de decisiones del gobierno, etc.

En fin, no quiero alargarme tanto en esto, pero es la realidad de un país que no encuentra una luz al final del túnel de este sexenio que será marcado por muchas cosas y acontecimientos y verdades históricas que ha llegado a un punto de que la sociedad no confía en las instituciones, ni en el gobierno, ni en el presidente ni en nadie y es lo que debe de cambiar o si no, llegarán consecuencias irremediables que quedará marcado para siempre. Hay que esperar y, mientras tanto, el país debe estar preparado para lo que viene, que será complicado, incierto y con dudas de un gobierno que no convence y que es muy burlado por la sociedad y el mundo, pero eso hay que darle tiempo y responder, al término de su gestión, si EPN fue una buena decisión para la presidencia.

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